jueves, 17 de noviembre de 2011

Efímero...

Me desperté. Estaba echada al pie del muro, casi sin fuerzas, y no recordaba nada de lo ocurrido. Me incorporé todo lo que pude y miré a mi alrededor. La niebla, el suelo, la enorme roca de detrás y él...¿y él? ¿Dónde  estaba él? Lo único agradable que podía encontrar y que había encontrado ya no estaba. Al darme cuenta me sentí como si un camión me hubiera pasado por encima, así que dejé pasar el tiempo. Otra vez la misma situación. La desesperación era tal que no reaccioné en horas incluso. Era una simple persona sentada en el suelo y recostada en una pared, vestida entera de negro...¿De negro? ¿Vestido, medias y zapatos negros? Hasta ahora nunca me había fijado en qué ropa llevaba. Me quedaba bastante bien, la verdad, pero tampoco le di más importancia.
Si el pensar, el intentar averiguar, el querer saber por qué me quitaba fuerzas poco a poco, no iba a luchar ya contra ello. Hubiera sido mejor desestir desde el principio y ahorrarme el sufrimiento, pero antes de aprender hay que cometer el error. Me empezó a doler la espalda por la postura tan rara en la que me había quedado, así que eche a andar (otra vez) para despejarme un poco. Un pie, luego el otro, el primer pie, despúes el otro...etc empezaba a estar harta desiempre lo mismo, siempre esperanza y derepente sufrimiento...siempre siempre  siempre ! ! !

jueves, 3 de noviembre de 2011

Tu nombre, es lo único que necesito...

Una vuelta, dos, tres...cien...tropecientas, ya no las podía ni contar. Tanto a la derecha como a la izquierda no paraba de girar a mi alrededor y lo pero de todo era que no había palabras. Me sentía como un experimento que tomó otro rumbo al deseado. Él era el experto evaluando los resultados, yo la nueva invención y el silencio el asesino de toda tranquilidad. No sabía si podía hablar, ni sabía si podía mirarle casi ni respiraba para no molestarle... ¡me sentía tan extraña! -"Puedes respirar, que yo sepa es imprescindible para vivir." -dijo. Me hizo gracia, se había dado cuenta sin mirarme siquiera y sonreí. En todo el tiempo que llevaba en aquel "mundo" era la primera vez que tenía razones para ser feliz (por poco o mucho tiempo que fuese) La tortura de aquel lugar era algo más ameno en aquellos instantes.
Subí la cabeza para mirarle cara a cara, mientras él seguía dando vueltas alrededor de mí, y buscando esos luceros que me llenaban de esperanza, aunque me moría de nervios sin razón aparente. Tenia que preguntarle así que respiré, tomé aliento (más de dos veces) y dejé salir todo lo que llevaba dentro.

 - No sé si te molesto ya que se te ve tan concentrado, pero...

No me dejó terminar la frase porque lo hizo él por mi

 -... pero me agradecerías que te contestase a todas esas preguntas que te rondan por la cabeza. No sabes qué es lo que haces aquí. No sabes qué significa el muro que te consumía, etc.

No era exactamente lo que me esperaba como respuesta pero, sin embargo, era exactamente lo que iba a decir. Así que viendo lo ocurrido simplemente me callé. Empezaba a sentí que todo en lo que pensaba él lo iba a saber, por lo que decidí pensar en tonterías como 1+1=2 o cosas por el estilo, no sin sentirme como una tonta. Fue entonces cuando se me ocurrió la pregunta más simple hasta el momento; ¿cómo se llama? A lo que su voz contestó apaciblemente: - Eso todavía no te lo puedo decir.