miércoles, 21 de diciembre de 2011

Especial, insólito... no, lo siguiente

Nos vestimos a modo de esquimales. Éramos todo forros polares, anorak, bufandas, guantes... teníamos una pinta de lo más estúpido... pero oye, todo el mundo iba igual. No sé qué es lo que pasaría  por su cabeza en esos momentos, pero por la mía nada coherente. Me invadían las ganas de salir y comenzar toda mi Odisea, dejar atrás a todo el mundo y ser yo quien pusiera un pie en el hielo. Sentir cómo el frío llega a mi pie a través de la bota. Todo me llamaba la atención desde la ventana, así que cuando salí era como una niña pequeña. Miraba a todas partes, todo era "especial", era como si nunca lo hubiese visto, como si la nieve fuese algo insólito... De repente no sentía las manos ni los labios... estaba congelada (el abrigo en el perchero, mi cabeza en cualquier parte; cómo no) Jack llegó con una manta y empecé a entrar el calor. Su cara delataba la risa que intentaba contener... no suelo tener despistes de tal importancia... pero aquella vez no era "yo".

- ¿Sabías que una persona no puede sobrevivir con estas temperaturas apenas unos días y tú te empeñas en llevar la contraria?- Me puse roja como un tomate
- Siempre he sido especial, así que por probar que no quede el desafiar a la naturaleza- Fue lo único medianamente coherente que fui capaz articular.

Entré otra vez en la base (improvisada vivienda que nos servía a modo de refugio-casa) y cogí mi abrigo. Otro más después de todos los que llevaba puesto. Todo estaba dispuesto: los perros en los trineos; los trineos cargados de provisiones, botiquín de primeros auxilios, cuerdas, mosquetones, etc; el guía preparado y Jack esperándome. "Solo quedo yo". Pensar en eso me hacía sentir importante. Como una estrella de cine ante la alfombra roja antes de salir de la limusina.... Era todo tan, tan...¿tan?...¿tan qué? No hay palabras que lo puedan expresar. Quiero gritarlo pero no sé cómo. Creo que mi cara sí lo daba a entender, la sonrisa de Jack fue en ese momento como el espejo de mi cara.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hielo, cálido hielo

Como un susurro al oído, como una caricia del viento, como el lamento de que algo bueno se ha acabado me fui de casa a explorar mundo. Era una sensación extraña la de saber que cuentas con tu familia en este proyecto, pero agradable. Acabados los estudios, poder contemplar la posibilidad de un año sabático era mucho más apetitosa que pensar en tomarte la vida en serio y encerrarte en una oficina delimitada por repetir siempre lo mismo para desempeñar tu trabajo. Pensar en poder marcharme con Jack y viajar durante 365 me llenaba de alegría el corazón. Cuando empiezas a pensar en todo lo que puedes hacer con tu vida parece que el mundo se te hace más grande de lo que te habías imaginado. Lo ves como un imposible; no vas a poder con todo lo que tienes planeado, siempre hay una última cosa que no vas a poder intentar, algo se te resbalará de entre las manos... Pero alejada de malos y negativos pensamientos, volví a la taza de café caliente que tenía. 
El invierno era más duro de lo que había pensado, pero a esas alturas del año ya no me podía echar atrás. Así que simple y llanamente  me concentré el poder atrapar todo el calor que desprendía mi desayuno. Una ráfaga de helado viento me sacudió y volvió a destemplarme. Justo cuando iba a refunfuñar y a echarle la bronca al causante me di cuenta de quién era, por lo que no me salieron las palabras tan enfadadas como me hubiera gustado. Jack ni se percató de que yo estaba en la mesa así que cuando empecé a hablarle su cara fue todo un poema, pasando desde la tranquilidad al "pánico" y viceversa. Recuperándose todavía del susto consiguió decir: 

- Prepárate, hoy comienza la aventura de verdad

Eso solo podía significar una cosa: El estrecho de Bering ya se ha congelado del todo

domingo, 4 de diciembre de 2011

Lágrimas y final

Hace dos años, ya en vacaciones, estaba charlando con unos amigos cerca del muro que separa el río de la casa de mis abuelos cuando un chico nuevo apareció de pronto; se llamaba Paul. Tenía un aire misterioso, siempre callado y observando a su alrededor, siendo singularmente él. Tenía el pelo moreno y le tapaban unos preciosos ojos azules oscuros como la noche. Era bastante extraño que estuviese con más gente que no fuese consigo mismo. 
La gente se empezó a ir hacia sus casas con diferentes excusas, hasta que nos quedamos los dos solos. Yo sentada en el respaldo de un banco, él de pie. Yo con un vestido y unos zapatos negros... Alguien me llamó desde la otra parte del río así que tuve que irme. Me levanté, caminé, y después de pensarlo unos segundos me giré hacia el muro; ya no había nadie.

Empecé a enfocar la vista en una persona que estaba sola en el parque que se veía desde la ventana del salón. No se le distinguían las facciones, pero se podía apreciar que estaba con la cabeza mirando al suelo. Se puso justo en el centro del parque y empezó a subir la mirada. De repente, en medio de la noche brillaron dos preciosos ojos medio escondidos y se pararon justo a la altura de mi ventana. Sentí como se me aceleraba el corazón y se me congelaba la sangre en las venas mismas. Sentí el impulso de bajar corriendo al parque. Abrí la puerta, bajé las escaleras corriendo(casi me caigo), salí del portal y llegué. Allí estaba, en medio de la pequeña plaza mirando todavía a esa ventana. No me atrevía a adelantarme, no quería moverme por si volvía a despertar. Simplemente esperé a que él se girase, pero no lo hizo así que poco a poco me fui acercando hasta quedar rozando su espalda.
Cuando ya respiraba en su nuca, fue cuando se dio la vuelta y me miro. Era él, ÉL y ahora lo era de verdad. Un subidón de adrenalina empezó a sacudir todo mi cuerpo. Nos encontrábamos frente a frente, mirándonos a los ojos, reviviendo sentimientos, en un silencio que interrumpió para decirme: 
-Hoy quiero que sueñes. Que sueñes lo que quieras, lo que más desees, lo que más feliz te haga, lo que llene el vacío de tus penas en cualquier momento.
- Hoy he tenido un sueño- le contesté- Soñé que volvías a estar a mi lado, que volvía a mirar esos océanos que te permiten ver, que volvía a sentirte cerca... fue entonces cuando desperté.

Todo de golpe

Me desperté en la noche oscura tal y como había quedado al irme a dormir. Estaba destapada y temblando no se muy bien si de miedo o de frío, tenía los labios morados y casi no los sentía, no podía articular las manos... Abrí los ojos, casi sacándolos de su órbita, y abiertos, muy muy bien abiertos, me di cuenta.
Rápidamente y sin pensar me incorporé. Recorrí una y otra y otra vez el espacio en el que me encontraba, delimitado, familiar, caliente... Todo había pasado, nada era desconocido para mí. La ropa seguía tirada en la silla, la mesa estaba llena de libros, el armario colocado excepto las chaquetas... Todo era justo con antes de ir a acostarme. Respiré. Me sentía aliviada de saber que todo había sido un mal sueño, un producto de mi imaginación, sin embargo, un hueco en lo más profundo de mi corazón si iba haciendo cada vez mayor. Me hacía ver en cada rincón esos ojos azules que una vez me miraron. Esa silueta recortada en lo más oscuro de las sombras reaparecía apuñalándome. Se burlaba de no haber existido, de ser un ideal inexistente.
Salí de mi habitación y me dirigí al salón. Desde que era pequeña ha sido mi refugio en las noches oscuras y frías, o en aquellos momentos que necesitaba estar sola conmigo misma. Me senté en el sofá, mirando hacia la ventana, sin ver nada y con la mirada perdida en algún punto indefinido de la calle. Me senté a pensar en todo lo vivido a lo largo de aquel tiempo, que en realidad no había sido más de dos o tres horas. El miedo, el frío, la sensación de  conocer ese sitio, la niebla, el muro, la impotencia... ¡ EL MURO!  ¡¿Cómo no me había dado cuenta antes?! "¡Ha estado todo este tiempo delante de mi la respuesta y no la he visto!" Todo me vino de golpe, se confundió unos segundos y al ordenarse recobró el sentido de nuevo.