domingo, 4 de diciembre de 2011

Todo de golpe

Me desperté en la noche oscura tal y como había quedado al irme a dormir. Estaba destapada y temblando no se muy bien si de miedo o de frío, tenía los labios morados y casi no los sentía, no podía articular las manos... Abrí los ojos, casi sacándolos de su órbita, y abiertos, muy muy bien abiertos, me di cuenta.
Rápidamente y sin pensar me incorporé. Recorrí una y otra y otra vez el espacio en el que me encontraba, delimitado, familiar, caliente... Todo había pasado, nada era desconocido para mí. La ropa seguía tirada en la silla, la mesa estaba llena de libros, el armario colocado excepto las chaquetas... Todo era justo con antes de ir a acostarme. Respiré. Me sentía aliviada de saber que todo había sido un mal sueño, un producto de mi imaginación, sin embargo, un hueco en lo más profundo de mi corazón si iba haciendo cada vez mayor. Me hacía ver en cada rincón esos ojos azules que una vez me miraron. Esa silueta recortada en lo más oscuro de las sombras reaparecía apuñalándome. Se burlaba de no haber existido, de ser un ideal inexistente.
Salí de mi habitación y me dirigí al salón. Desde que era pequeña ha sido mi refugio en las noches oscuras y frías, o en aquellos momentos que necesitaba estar sola conmigo misma. Me senté en el sofá, mirando hacia la ventana, sin ver nada y con la mirada perdida en algún punto indefinido de la calle. Me senté a pensar en todo lo vivido a lo largo de aquel tiempo, que en realidad no había sido más de dos o tres horas. El miedo, el frío, la sensación de  conocer ese sitio, la niebla, el muro, la impotencia... ¡ EL MURO!  ¡¿Cómo no me había dado cuenta antes?! "¡Ha estado todo este tiempo delante de mi la respuesta y no la he visto!" Todo me vino de golpe, se confundió unos segundos y al ordenarse recobró el sentido de nuevo.

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